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GESTIÓN
DE LAS EMOCIONES:
El trabajo con las emociones
puede ser muy gratificante, consiguiéndose grandes
resultados en relación al esfuerzo realizado. Únicamente hay
que tener claro el objetivo y avanzar paso a paso.
Aunque los patrones
emocionales y las circunstancias de cada persona son
diferentes, podemos resumir en cuatro etapas el trabajo a
realizar: reconocimiento de las emociones, aceptación,
desapego y superación.
La primera fase es la más
complicada: reconocer la emoción como algo nuestro y
no provocado sólo por circunstancias externas. Frases del
tipo “yo estoy bien, pero hay una confabulación contra mi" o
“no siento emociones; a mi no me afecta” pueden estar
originadas por un intento de cerrar los ojos ante nuestro
interior. En muchos casos, el no saber gestionar las
emociones hace que se desborden, pero no sirve reprimirlas
porque adquieren todavía más fuerza.
Después llega la aceptación
de las emociones; admitir que somos vulnerables, sabiendo
que el conocimiento de nosotros mismos nos da fuerza. No
somos perfectos, y por lo tanto lo que sentimos no es algo
negativo.
Una vez que nos miramos al
espejo sin sentir vergüenza por nuestras emociones, es fácil
llegar al desapego. Se trata de distanciarnos y
observar nuestras reacciones, sin reprimirlas y lo que es
muy importante y difícil, sin juzgar. Seguro que nos
sorprende.
Cuando hemos recorrido cada
una de las fases, en ocasiones varias veces, estamos a las
puertas de la superación, pero no en el sentido de
extirpar algo negativo, sino limpiando (de ahí la foto del
agua) y renovando.
Así, conseguimos cambiar el
patrón de respuesta ante determinados estímulos: Podemos
entrar en la emoción con toda la intensidad, pero sin
aferrarnos a ella, soltarla enseguida.
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No nos han enseñado
a gestionar nuestras emociones, pero no quiere decir
que sea complicado.
¿Por qué no nos
animamos a dejar de sufrir?
Ana de Lucas |
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